lunes, 24 de agosto de 2009

EL VERANO Y LA FRAGUA

Azota el viento la fragua,
el sol persevera el fuego;
el verano envidia al agua,
lanza al otoño su ruego.

Queman el hierro y la tarde
en el carbón y las horas,
un infierno que hace alarde
de flamas calcinadoras.

Despierta alegre la siesta,
al compás del martilleo,
se viste el yunque de fiesta,
mientras despide a Morfeo.

Se repara la herramienta
y la hoz obtiene filo,
en tanto el fuelle alimenta
y el grano duerme en el silo.

Se transforma con cordura
rancio metal en apero,
va ovalando la herradura
con su destreza el herrero.

Consumando está el estío
su presencia temporal,
cuando ya el cauce del río
se convierte en lodazal.

Pronto llegarán las uvas,
su buen vino y aguardiente
reposarán en las cubas
del rico terrateniente.

En el minifundio huraño,
también se observa el racimo
que regala año tras año
la vid cuidada con mimo.

GRACIAS

Agradezco infinitamente, tanto al profesor como a todos los alumnos de los últimos cursos de Recursos Literarios, la magnifica crítica recibida por mis escritos; principalmente a ti, Alberto, por tu especial sensibilidad. También te pido perdón, al ser seguidor de mi humilde blog (ya sabes que apenas tengo idea de cómo funciona y que sólo figura adscrito al grupo de mis paisanos y amigos de Tineo), por ser la mayor parte del contenido en asturiano. Lo cierto es que, dada su fragilidad, sé que entiendes que todo sustento a esta denostada lengua es insuficiente. En todo caso, iré introduciendo algún poema o micro relato en castellano. No dudes, cuando lo precises, en seguir solicitándome alguna colaboración para tu entrañable revista del Bulevar. Adjunto, para todos, el publicado en el número actual de ST del Corredor del Henares, en mi sección Jugando con Poemas, con el título de “El Verano y la Fragua”.
J.R.P / Pindesierra

jueves, 20 de agosto de 2009

UNA DE PIESCOS

Fino de mercar dellos piescos nun comerciu de frutes, onde unos ecuatorianos vienden paraguayes, y, de la qu'iguaba la carga, una fema ufiertó echame un gabitu p’allugalos nes bolses. Dempués d’apurrir les gracies, amestóme que si ella tornara de Murcia tamién trayería piescos. Magar que-y retruqué que yo diba poco a Murcia, porfió entrugando qué: cuantes vegaes tuviera en Murcia. Asina qu’alderiqué: “Una o nenguna, siñora (sic)”.

Pindesierra